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By Néstor Luján y Fernández

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La colmena

En el Madrid de los angeles posguerra, un bullicioso enjambre humano se afana en comer caliente, esquivar el frio, saciar el deseo sexual, librarse de los angeles tuberculosis, matar el tiempo. .. , ir tirando. Seguramente los angeles obra mas valiosa de Cela. Un testimonio fiel de l. a. vida cotidiana en las calles, cafes y alcobas del Madrid de 1943, pero tambien una amarga cronica existencial.

El Gran libro del dibujo

Отличная книга для тех, кто интересуется искусством, стремится обнаружить и узнать методы рисования с различными типами материалов: акварелью, гуашью, воском и маслом и т. д. Также книга знакомит с основой художественного оформления, правилами пропорции, анатомии человеческой фигуры, освещения, композиции изображения, кадрирования и т.

Elena sabe

Quickly after Rita s physique is located, the research of her dying is closed. Her mom looks the single one unwilling to renounce at the fact, yet racked by means of disease she is the least most likely candidate to move after a assassin. a tricky journey from the suburbs to the capital, an outdated debt of gratitude, and a revealing dialog, are the proof which are opened up during this novel a unique that uncovers the hidden faces of an authoritarian regime and the hypocrisy of society.

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Tornó el rubicundo estudiante con chillona voz: —Es que la violencia se señorea de todo. De hacerla no se libran ni las mujeres. Tenemos buen ejemplo en la marquesa de Leganés, que yendo hace unas semanas en su coche por la Casa de Campo se cruzó con el carruaje del Almirante de Castilla, el cual iba secreto y poco decente, con dos damas, y llevaba corridas las cortinas. Pidió la de Leganés al cochero del Almirante que fuese por otro camino y el cochero, por mandato de su amo, no obedeció a la marquesa y ésta, entonces, descerrajó un tiro al desdichado servidor, que cayó muerto.

Fue el ingenio de antorchas del caballero Fontana, despeinadas por el viento, el culpable fortuito del accidente. La verdad era que el caballero alemán entendía a medias y preguntó con una ingenuidad entre autoritaria y germánica: —¿Entonces a quién se debe, en puridad, la muerte del conde? Don Antonio contestó con decoro y claridad, con el lenguaje escogido de la persona que se había criado en la Corte: —No puedo decir nada. Eran muchos sus enemigos: entre los cómicos, que son gente a veces de sangre aviesa; pudo ser también por altercados de juego o por sus sátiras políticas o por otras mil temeridades.

Don Gaspar con los ojos centelleantes, febriles y leonados, ~50~ Néstor Luján Decidnos, ¿quién mató al conde? resollando de ira, entró en la cuadra para examinar un caballo, haciéndole señas a Méndez para que se le aproximara, como si fuera un conocedor. Luego, conteniéndose, con voz baja y perentoria, le dijo: —Capitán, si es que lo sois, estoy muy descontento de vos. Se os encargó una comisión sigilosa que habéis realizado de una manera más que desafortunada. Primero, en compañía de Alonso Mateos, que no deja de asistir a las cazas del Rey y puede ser vinculado con este negocio.

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